Elegir con cuidado

jueves, 13 de febrero de 2014

Mi mente vaguea por los pasadizos de mi cerebro. Escala paredes, disfrazadas de cortezas cerebrales. Corre por angostos pasillos, vestidos como neuronas. Salta sobre el espacio sináptico, creyendo que es un gran precipicio. Y se sienta sobre el hipotálamo, creyéndose un rey.
Pero solo vaguea, no es capaz de completar una sola idea. Pasea por allí, siendo el rey. Un espíritu condenado a pasar su vida ahí dentro. Sin rumbo, sin destino, solo recorriendo aquellos lugares, tranquilo, y silencioso.

lunes, 3 de febrero de 2014

 Aquella caja le causaba incomodidades, los sonidos dentro de ella no lo dejaban dormir, lo hacían temblar, no lo dejaban pensar. Solo le dejaba una idea en la cabeza, debía abrirla, para callar sus sonidos, para aclarar sus ideas, para conocer su interior.
 Es lo único que podía hacer, y lo hizo. Al tocar aquella caja de madera, sintió una fuerza que hace mucho había olvidado, recordó sonrisas, juegos y momentos de silencio. El cerrojo ya estaba abierto, esto fue extraño, ¿porque nadie debía abrirla si ya estaba abierta? Le presto más atención a las pequeñas inscripciones que al hecho de que ya estuviese abierta. La abrió, rápidamente, sin dudarlo, su interior lo tomó. Aquellas sonrisas, aquellos silencios, parecían tan reales. La muerte misma estaba allí dentro, en forma de recuerdo, en forma una fotografía. Todo inexistente materialmente, solo se encontraba dentro de su cabeza. Así, pudo acallar sus ideas, pudo descansar.